Esa idea resuena con lo que hoy llamamos cognición situada y el concepto del «tercer maestro» (un término de la filosofía Reggio Emilia), que defiende que el espacio físico educa tanto como el docente o el contenido.
Por qué el espacio es el precursor del pensamiento
- La arquitectura del enfoque: Un espacio desordenado suele generar una mente saturada. El entorno físico actúa como un «andamio» para nuestra atención. Si el espacio está diseñado para la curiosidad, la mente se expande naturalmente.
- Memoria episódica y espacial: Nuestro cerebro es experto en recordar dónde ocurrió algo. Asociamos conceptos a lugares específicos (por eso a veces recordamos una idea al volver a la habitación donde la tuvimos). El espacio «ancla» el conocimiento.
- Psicología del color y la luz: No es misticismo, es biología. La luz natural y los techos altos, por ejemplo, están vinculados a un pensamiento más creativo y abstracto, mientras que los espacios cerrados y acogedores favorecen la ejecución de tareas técnicas.
Los tres niveles del «Espacio de Aprendizaje»
Para que el aprendizaje ocurra con fluidez, el espacio debe trabajar en tres dimensiones:
| Dimensión | Función |
| Física | Ergonomía, luz, acústica y herramientas a mano. |
| Social | ¿Permite el espacio la colaboración o invita al aislamiento? |
| Psicológica | La sensación de seguridad. Nadie aprende bajo amenaza o en un entorno hostil. |
«Primero moldeamos nuestros edificios; luego, ellos nos moldean a nosotros». — Winston Churchill
Si cambiamos el lugar donde estamos, cambiamos la forma en que procesamos la realidad. Es casi imposible tener pensamientos «fuera de la caja» si siempre estamos sentados dentro de una.

